CUANDO EL FÚTBOL DEJA DE CREER EN EL FÚTBOL
Hay algo mucho más peligroso que un error arbitral.
Que nadie crea en el árbitro.
Porque un penal mal cobrado, un gol anulado equivocadamente o una decisión discutible forman parte de la historia del fútbol. Los errores existieron siempre. El problema aparece cuando esos errores se acumulan, cuando las explicaciones no alcanzan y cuando cada decisión empieza a ser mirada bajo la sospecha de que detrás puede haber algo más.
Y eso es exactamente lo que está pasando con el fútbol argentino.
El VAR llegó para reducir los errores. Para darle al árbitro una segunda oportunidad. Para que una jugada determinante pudiera ser revisada con imágenes, diferentes ángulos y tiempo para analizarla.
Pero hoy muchas veces ocurre exactamente lo contrario: el VAR no termina con la polémica. La agranda.
¿Por qué llamó? ¿Por qué no llamó? ¿Por qué una jugada se revisa y otra aparentemente similar no? ¿Por qué una semana se interpreta una regla de una manera y a la siguiente de otra?
Cuando esas preguntas se repiten demasiado, el problema deja de ser solamente arbitral.
Es un problema de credibilidad.
Durante 2026 fueron varias las situaciones que alimentaron esta sensación. Hubo polémicas por penales, manos, expulsiones, invasiones y goles anulados. En algunos casos la AFA difundió audios del VAR para explicar las decisiones. En otros, los árbitros fueron suspendidos después de actuaciones cuestionadas.
Pero hay una pregunta que sigue sin responderse:
¿Alcanza con suspender a un árbitro después del escándalo?
Probablemente no.
Porque el daño ya está hecho.
El hincha no solamente quiere saber si el árbitro se equivocó. Quiere saber por qué se equivocó. Quiere entender qué criterio se utilizó. Quiere saber si ese mismo criterio se aplica de la misma manera cuando juega otro equipo.
Y, sobre todo, quiere tener la certeza de que todos compiten bajo las mismas reglas.
Ese es el punto central.
No hace falta afirmar que existe un partido arreglado para reconocer que existe un problema. No hace falta acusar a alguien de corrupción para admitir que la desconfianza creció. De hecho, una de las mayores dificultades que atraviesa hoy el fútbol argentino es precisamente esa: la sospecha se instaló antes de que exista una prueba.
Y cuando la sospecha se vuelve permanente, cualquier error deja de ser solamente un error.
Se convierte en combustible.
Las designaciones arbitrales, los vínculos dirigenciales, las decisiones del VAR y las explicaciones posteriores son observadas bajo una lupa que cada vez tiene menos paciencia. En marzo, incluso hubo publicaciones periodísticas que pusieron el foco en árbitros cuestionados y en presuntos vínculos con sectores de poder dentro del fútbol argentino. Son acusaciones y sospechas que deben ser investigadas y probadas, no transformadas automáticamente en verdades. Pero ignorar que existen también sería mirar para otro lado.
Y ayer volvió a suceder.
Una final debería ser una fiesta.
Estudiantes y Rosario Central jugaron por un título y, sin embargo, el partido terminó envuelto en discusiones arbitrales que volvieron a poner al fútbol argentino bajo sospecha. La decisión del penal, otras acciones disciplinarias y la actuación del VAR quedaron en el centro de la discusión.
Y cuando una final termina hablando más del árbitro que de los futbolistas, algo estamos haciendo mal.
El fútbol argentino tiene una riqueza enorme. Tiene clubes con historia, jugadores extraordinarios, hinchadas apasionadas y una competencia que despierta emociones como pocas.
Pero todo eso necesita una condición básica:
Que la gente crea.
Que el hincha pueda perder un partido y aceptar que su equipo fue inferior.
Que pueda quedar eliminado y reconocer que el rival fue mejor.
Que pueda perder una final sin pensar inmediatamente que hubo algo detrás.
Porque si cada derrota termina explicándose por un árbitro, por el VAR, por una designación o por una supuesta influencia dirigencial, el fútbol empieza a perder su esencia.
Y ahí está el verdadero peligro.
No es solamente que el árbitro se equivoque.
Es que el hincha deje de creer que el error fue un error.
La AFA tiene una responsabilidad enorme en este punto. No solamente debe designar árbitros y sancionarlos cuando corresponda. También debe construir un sistema transparente, previsible y comprensible.
Los audios del VAR pueden ayudar. Las explicaciones técnicas pueden ayudar. Las sanciones pueden ayudar.
Pero hace falta mucho más.
Hace falta recuperar la confianza.
Porque el fútbol puede sobrevivir a un mal arbitraje.
Lo que difícilmente puede sobrevivir durante mucho tiempo es a la pérdida de credibilidad.
Y hoy, más que discutir solamente si un penal fue penal, un gol fue gol o una expulsión estuvo bien o mal, deberíamos estar preguntándonos algo mucho más importante:
¿Estamos haciendo todo lo necesario para que el hincha vuelva a creer en el fútbol argentino?
Este tono me parece más potente para vos: duro, crítico, pero sin convertir el artículo en una acusación que no podamos demostrar. Y hay material para hacerlo todavía más contundente: podemos armar una versión con 5 o 6 casos concretos de 2026, mostrando qué pasó, qué decidió el árbitro/VAR, qué explicó AFA y qué consecuencia tuvo cada caso. Eso convertiría la columna en algo mucho más difícil de discutir.
P.G.S.

